A 50 años del último golpe cívico-militar son muchas las historias que
resuenan en la capital de la provincia de Buenos Aires de aquellos años oscuros en
los que el terror ganó protagonismo y avanzó sobre una generación que se había
propuesto cambiar el mundo. La Plata, una ciudad pensada y planificada, con sus
pintorescos edificios, sus plazas y parques fue una de las ciudades más golpeadas
por la brutalidad del terrorismo de estado y La Plata Rugby club lejos de escapar al
horror, tiene el triste récord de jugadores secuestrados, desaparecidos y asesinados.
Ningún club del país de ninguna disciplina llega a las 20 victimas como el club de
Gonnet. La explicación es simple, en La Plata rugby por esos años integraban el
plantel superior un grupo de muchachos comprometidos socialmente, que militaban
activamente en partidos de izquierda y el peronismo. Muchos de ellos realizaban
tareas en los barrios populares de la ciudad además de hacer política universitaria en
la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Otros abandonaron sus estudios para
proletarizarse, postergando sus privilegios de clase para vivir cerca de la realidad de
los trabajadores y luchar por sus ideales. Los terceros tiempos del Club se habían
vuelto verdaderas asambleas en la que la política tenía un papel fundamental y se
trataban temas como la realidad económica y social del país. Todo en la vida del club
se consensuaba, se votaba, se debatía y se implementaba según la mayoría lo
deseaba. Los clubes del norte la provincia, más emparentados con las elites
dominantes veían a estos jóvenes como una amenaza a su posición de poder y
bautizaron al club como “Escuela de guerrilleros”. Recuerdan jugadores de aquel
equipo que defendió los colores amarillos en la década del 70’ que si bien dentro del
grupo no eran todos peronistas, cada vez que el plantel superior disputaba
encuentros en los que Liceo Naval y Liceo Militar auspiciaban de local los canarios
que llegaban en colectivos y al bajar armaban una fila, en la que se ponía uno atrás
del otro como en un desfile y con bolso al hombro silbaban la marcha peronista ante
la mirada de repudio de los locales que le demostraban hostilidad desde su llegada
hasta su regreso a La Plata, es que la batalla se daba en todos los ámbitos: En sus
propias casas, en la facultad, en el barrio y por supuesto que también en el rugby que
era el punto de encuentro de un grupo numeroso de jóvenes que habían elegido dar la
pelea y alterar el rumbo del país.
El 30 de marzo de 1975, mientras el plantel superior realizaba su primera gira
internacional por el Viejo Continente una noticia llegó a ellos como un balde de agua
fría: Hernán Rocca había sido asesinado de 21 balazos y arrojado a la orilla del arroyo
El Pescado en el barrio de Villa Elvira de la ciudad de La Plata. Tiempo después se
supo que Hernán era seguido por grupos de tareas parapoliciales y que el día de su
secuestro habían estado tomando fotografías en un entrenamiento en el que
participaban los jugadores que no habían asistido a la gira. El asesinato de Rocca fue
una advertencia para el resto de sus compañeros: Si insistían con defender sus ideas,
les podía pasar a ellos. Alertados por la noticia la mayoría decidió pasar a la
clandestinidad, pero no abandonar su lucha, incluso Pablo Balut decidió iniciar su
militancia a partir de conocer lo que habían hecho con su amigo Hernán alistándose
en el Partido Comunista Lenninista Marxista (PCLM).
Araceli, la hermana de Hernán cuenta en su libro “Silencio de Familia” que durante
mucho tiempo en su casa no se habló de su hermano en una búsqueda de que su
desaparición duela menos, pero eso un día cambio y sintió la necesidad de ponerle
voz a ese crimen: “Me faltaron abrazos además de palabras. Sabía que tenía que
contarlo, pero ¿a quién? Sabía que la palabra me traería el alivio que buscaba. Por
otra parte, como te imaginarás, no podía andar diciendo por ahí ́ que buscaba a
alguien para contar mi historia, que en realidad era tu historia. No obstante, tenía que
ocultar mi búsqueda porque en ese lugar presentía que no debía mencionarla, me
daba miedo. Te preguntaras por qué me daba miedo. No eran tiempos fáciles, los
viviste. la gente callaba porque no se sabía quién estaba en la vereda de enfrente. Allí ́
era la “hermana de” y sentí ́ que tal vez podía ser peligroso. ¿Te das cuenta? ¿Negar tu
existencia? ¿ocultar como habías muerto? es impensable… ¿podrás perdonarme?
Necesito que me perdones”. Su libro destaca la conciencia colectiva de su hermano,
algo en común con el resto de sus compañeros que jugaron un partido más grande y
su compromiso los empujó a defenderlo hasta el último aliento. “Y entonces vuelven
las imágenes cuando mamá filmaba tus partidos de rugby mientras vos empezabas
con tu diario deportivo. Te cuento que cuando lo encontramos, nos sorprendió́ . Una
carpeta de esas escolares forrada con imágenes de alguna revista de la época… No
imaginábamos que tuvieras tanta voluntad para pegar los recortes periodísticos
desde el 68 y comentarlos. es impresionante el registro de los detalles en el diario,
nos conmovió́ tu relato de un equipo que avanza… nunca te mostrás como la estrella
medio scrum, sino que se ve tu conciencia de grupo y la lucha por el objetivo. […]. Y te
sobraron un montón de hojas… sin escribir… en el 74 ya cursabas tu segundo año de
Medicina y comenzaba a despertar tu conciencia política. Es que el país, a pesar de
que estábamos en democracia, se convulsionaba. Supe después que te interesaste
en hacer algo… Ya comenzabas a leer sobre política. esas lecturas iban formado un
pensamiento distinto al que había en la familia. Pero los viejos eran así ́ . Cada uno
podía pensar como quería. Una casa con libertad de pensamiento, un país con
libertades dudosas…”
Al asesinato de Rocca le prosiguió el de Hugo Aníbal Lavalle Casamiquela, “Pinino”,
como lo apodaban sus amigos, cursaba el tercer año de Arquitectura en la UNLP, y
militaba en Partifdo Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Fue asesinado por el
ejército junto a dos compañeros a orillas del Arroyo San Gabriel de Acheral, Tucumán
en el marco del denominado “Operativo Independencia” y luego el de Pablo Del
Rivero que estudiaba geología en la UNLP y militaba en la Juventud Universitaria
Peronista (JUP). Fue asesinado por el grupo de tareas paramilitar Concentración
Nacional Universitaria (CNU) el 7 de julio de 1975 en un operativo denominado
“Operación Once por Ponce” en la que este grupo tomaba represalias por la muerte
de uno de sus integrantes. De esta manera se convirtió en el segundo rugbier del club
de Gonnet asesinado antes del golpe, cuando el estado sistematizó la represión y fue
por el resto de sus compañeros.
La lista se completa con:
Santiago Sánchez Viamonte, según cuentan “El Chueco” era el jugador más
prometedor del club, un medio scrum irreverente, valiente y solidario. Estudiaba
medicina en la UNLP. Fue secuestrado y desaparecido junto a su mujer Cecilia Eguía y
sus dos amigos del club y del (PCML) Pablo Balut y Otilio Pascua el 24 de octubre de
1977. Era padre de dos hijas.
Otilio Pascua, estudiaba arquitectura con Cecilia en la UNLP, tenía 27 años.
Pablo Balut, “El turquito” tenía 25 años. Era padre de un hijo.
Mariano Montequín, “Mané” tenía 25 años, militaba en el (PCLM), estudiaba
Ciencias Económicas en la UNLP, fue secuestrado y desaparecido el 6 de diciembre
de 1977 junto a su pareja Patricia Villar y su compañera Virginia Isabél Cazalas de
Giglio, en el marco del denominado “Operativo Escoba”.
Jorge Moura, tenía 27 años, era hermano de Federico, Marcelo y Julio, recordados por
la gran banda Virus. Jorge estudiaba Arquitectura en la UNLP y militaba en el Ejercito
Revolucionario del Pueblo (ERP) al momento de su secuestro el 8 de marzo de 1977.
Sus hermanos contaron años más tarde que su sueño había sido armar una banda
con ellos y tocar para un gran público. Jorge se había mudado al domicilio de sus
padres en City Bell luego del secuestro y desaparición de su novia, pensando que
estaría más protegido allí.
Luis Munitis Orione, era militante del (ERP), se encontraba en Sarandí cuando fue
detenido y desaparecido el 17 de mayo de 1977. Estaba cursando el último año de
medicina en la (UNLP).
Eduardo Navajas Jáuregui, era militante de montoneros, tenía 21 años y había
abandonado el servicio militar obligatorio debido al hostigamiento recibido por parte
de los jefes del regimiento de infantería Mecanizada n 7. Fue declarado desertor. Fue
secuestrado y desaparecido el 23 de enero de 1977 en la localidad de Tres de Febrero.
Mario Mercader, era militante de Montoneros, tenía 22 años cuando fue secuestrado
y desaparecido junto a su esposa Anahí Fernández en su domicilio de Tolosa. En el
año 2010 se lo pudo identificar como NN, y pudo determinarse que la policía había
fraguado un enfrentamiento el 5 de abril de 1977 en el que lo habían asesinado.
Enrique Sierra, “El Nene” tenía 22 años cuando fue secuestrado y desaparecido en
Ituzaingo. Militaba en la Juventud Peronista (JP). Estudiaba derecho en la UNLP.
Abel Vigo, “Palomo” tenía 19 años y militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios
(UES), aunque ya había ingresado en la carrera de Educación Física en la UNLP. Fue
secuestrado en el domicilio de sus padres en la Ciudad de La Plata el 30 de julio de
1976. Su padre Antonio, artista y docente, editó una estampilla y un matasello con la
inscripción “Set Free Palomo” que circuló por todo el mundo, encontrando así una
forma de resistencia a través del arte.
Alfredo Mauricio Reboredo, fue secuestrado el 29 de enero de 1977 mientras
caminaba por la Avenida 7 con su compañero Alfredo Schmucler. Alfredo intentó
escapar y fue acribillado. A ambos los señalo una mujer desde un auto. Ambos eran
militantes de la (UES).
Eduardo Merbilhaá, era militante del (ERP) y fue secuestrado y desaparecido el 14 de
septiembre de 1976 en Villa Devoto, Capital Federal. Estudiaba Derecho en la UNLP.
Alejandro García Martegani, fue secuestrado en la provincia de Neuquén, mientras
realizaba el servicio militar obligatorio. Tenía 22 años y militaba en la Juventud
Universitaria Peronista (JUP). Al momento de su desaparición estudiaba Arquitectura
en la UNLP.
Marcelo Bettini, estudiaba agronomía en la UNLP, comenzó su militancia en una
agrupación católica que realizaba tareas pastorales en barrios populares de la
ciudad. Provenía de una familia acaudalada, pero su sensibilidad lo empujó a la lucha
activa entrando la (JP) y luego a Montoneros antes de su asesinato en Tolosa, junto a
su compañero Luis Eduardo Sixto Bearzi el 9 de noviembre de 1976. Luego de su
asesinato su familia fue perseguida, secuestrando a varios de sus integrantes, y
fueron robadas en manos de los militares varias de sus propiedades a partir de
extorciones en la que los obligaron a desprenderse de títulos a punta de pistola y
torturas.
Abigail Attademo, militaba en el (ERP) y fue detenido y desaparecido junto a su
esposa Elena Susana Mirenna a los 26 años en la localidad Caseros. Era estudiantes
de la carrera de Medicina en la (UNLP).
Julio Alvarez, “Taco” militaba en el (ERP) fue secuestrado y desaparecido junto con
su compañero Luis Antonio Barassi el 21 de diciembre de 1977 en el bar Pueyrredon
de Villa Crespo, Capital Federal. Tenía 25 años.
Rodolfo Axat, Militaba en Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros, fue
secuestrado y desaparecido el 12 de abril de 1977 en el domicilio de su suegra junto a
su esposa Ana Inés Della Crocce cuando se encontraban junto a su hijo Julián, de un
año. Julián creció sin sus padres, y años más tarde se convirtió en poeta. Uno de sus
poemas “Los Canarios Románticos” está dedicado a esos jugadores militantes
desaparecidos:
“El pack se hunde contra el viento/ mientras
Luisito Munitis hace el line y los forwards saltan / para contraer la espalda del
monstruo. La Plata va… susurran el samurai Balut y / Jorgito Moura rompe la entrada
del batallón, para que ingrese la tercera línea que se mantiene oblicua desde la
sensibilidad genética de A. Vigo Fulgura la mirada de Quique Sierra un tackle que no
llega a cortar el pase a Pablito Rivero.
El partido es ya, sueña Alfredito Reboredo, cuando La Plata va… y los win forward
Navajas y Mercader se abren del maul . Parece un empate clavado, la noche se
detiene sin derrota y en el último minuto Julito Álvarez se acerca al ingoal, salta un
cometa y ve a Fel Axat acechando, Fel recibe la ovalada… pero éste apenas la toca
cuando el Chueco Sánchez Viamonte viene bordeando la línea corre en zig-zag como
un conejo, nadie ve esos pies, veloz, imparable, fuga hacia el infinito en un tendal de
rosas que llega desde la platea/deja fatigadas a las últimas estrellas ahora atrás/ mal
paradas y apoya la ovalada debajo de los palos.
Fel y el Chueco se abrazan, ríen victoriosos, esperan a todos que llegan para
abrazarse. El tercer tiempo les abre las puertas del cielo para tomarlo por asalto de
Try.”
Todos ellos creían en un mundo más justo, y el rugby les dio un ámbito donde poner a
prueba el trabajo en equipo, la solidaridad y camaradería. A cincuenta años del horror
el canario ostenta un lugar privilegiado en el torneo de Buenos Aires, disputando el
URBA Top 14, y es uno de los clubes de Argentina con más cantidad de jóvenes en sus
f
ilas, lo que augura un futuro promisorio para la institución. Pero la historia nos
enseña que no se puede proyectar un futuro sin reparar el pasado, y los
desaparecidos del club no pueden ser olvidados, es por eso que su memoria está
siempre presente en el salón donde se junta la comisión directiva, donde se puede
ver una placa con sus nombres junto al escudo del club, y en el año 2023 se inauguró
el “Banco de la Memoria” que invita a la reflexión sobre el genocidio vivido en manos
del estado en nuestro país,.
Si bien interrumpieron su existencia física, cada una de las victimas dejó un legado,
en sus hijos, en sus padres, en sus amigos y en quienes saben que un mundo más
justo e igualitario es posible.
Presentes ahora y siempre.
Federico Granillo Fernández.
Ex jugador, ex dirigente y actual entrenador de La Plata Rugby Club
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