No alcanzó. La Selección argentina se quedó a un paso de la gloria y perdió la final del Mundial 2026 frente a España, que se impuso 1-0 y levantó por segunda vez en su historia la Copa del Mundo. Fue un partido de guante blanco por parte de los europeos y de trinchera por parte de los argentinos, que corrieron detrás de la pelota más de lo que la tuvieron, pero que jamás se entregaron.
Desde el arranque quedó claro el libreto: España manejó los hilos, hizo circular el balón con paciencia y arrinconó a una Argentina que se replegó y apostó a aguantar. El equipo de Luis de la Fuente fue dueño del ritmo, mientras que el seleccionado nacional apenas inquietó: durante los noventa minutos y el alargue, la Albiceleste generó un solo remate claro al arco. Los números, fríos, hablan de una superioridad española que no admite discusión.
Y sin embargo, el partido se fue estirando. Argentina, con más corazón que fútbol, llegó viva al entretiempo, aguantó el segundo tiempo y forzó el tiempo suplementario con la ilusión intacta. Ahí, cuando el desgaste empezaba a pesar y el planteo defensivo parecía alcanzar para llegar a los penales, apareció la definición: a los 106 minutos, Ferrán Torres empujó la pelota al fondo de la red y desató la fiesta española. El gol agónico terminó de inclinar una balanza que, en el juego, ya venía cargada para el mismo lado.
El resto fueron minutos de pura entrega. La Selección se fue al frente en busca de un empate que le hubiese hecho justicia al esfuerzo, pero no a lo mostrado sobre el campo. España, ordenada hasta el último segundo, cerró los espacios y administró la ventaja con oficio de campeón.
Con esta caída se cierra, además, un ciclo. La derrota marca el final de la era de Lionel Messi con la camiseta albiceleste, que se despide del seleccionado sin el broche soñado pero con el reconocimiento de todo un pueblo que lo acompañó hasta el último minuto. En las plazas y los bares de todo el país, el aliento se transformó en un silencio pesado cuando cayó el gol, aunque nadie le soltó la mano al equipo.
Del otro lado, la consagración tuvo nombres propios: Rodri fue elegido el mejor jugador del torneo y España coronó un Mundial casi perfecto, con un solo gol en contra en toda la competencia. Justo, sin dudas, para quien mejor jugó.
Queda el sabor amargo de la final perdida, pero también la certeza de que este grupo dejó todo. Argentina fue superada, sí, pero cayó de pie, peleando cada pelota como si fuera la última. Y esa, aunque hoy duela, es una forma digna de despedirse.





